Posts Tagged ‘de cuba

24
Mar
12

Son las 2:27, pero aún es viernes para mi

El Boliviano

 

Así es como me enteré que aún estaba vivo. Un telegrama cortico. “Luz me ha dejado”. Casí dos semanas después me llamó muy tarde a Québec City. Nunca se enteró de una mierda de eso de los desfases horarios. Me citó en los cayos, en los de Cuba. Le dije que estaba loco. Me dijo que tenía que verme y compartir su vergüenza. Me dijo que yo tenía toda la plata del mundo para pagarme mil viajes a Cuba. No lo pensé demasiado. Agarre cuatro mudas en una maleta y volé hasta La Habana, y desde allí hasta Isla de Pinos, o Isla de La Juventud, como habían decido llamarla. Pase una noche durmiendo en la casa de un locutor de radio, un miembro del instituto de cine que accedió a darme cobijo si hablaba en la radio al día siguiente. Me hizo madrugar el muy marica, y me fusiló con  preguntas de cine francés si sospechar el pobre que yo odio el cine francés, que no puedo ni verlo, que me dan arcadas solo con pensar en Godart y toda esa manga.

 

Le vi en Cayo Largo, el Cayo Largo cubano de los Cayos Cubanos, sentado en plena playa en una silla miserable junto a su miserable barquito. Emiliano, el aventurero, el navegante, con el alma hecha pedazos. No mostró ni un ápice de sorpresa, estaba seguro que vendría. Agradecí que estuviera sobrio, pero lamenté estarlo yo. Realmente estaba hecho mierda. Habría navegado durante días sin descansar, porque tenía los ojos hinchados, más negros que nunca. Siempre pensé que éste hijoeputa la queria, la quería de veras, con toda su alma de puerco embustero, con todo su ser, hasta la última gota de su sangre, pero me impresión ver en otra persona distinta a mí los estragos que la ausencia de Luz puede provocar. Le pregunté por qué estaba tan seguro de que no faltaría a la cita. Me respondió que por dos cosas. Por vanidad y por amistad. En ese momento pensé, las dos son falsas, pero ahora me doy cuenta de que tenía razón. Realmente quería verlo con mis ojos, aunque solo fuera por cada uno de los seis años que deseé que el puerco bastardo que me había robado a Luz experimentara un solo instante de mi dolor, ácido, estrangulador. La segunda también era cierta. Emiliano era un amigo. Uno de los dos únicos amigos que llegan a salirle a uno al paso en toda su vida. Emiliano compartió conmigo lo más valioso que tenía en una época en la que nadie daba un peso por soñar grátis.  Hay dos tipos de personas en este mundo, los que sueñan cuando duermen, y los que sueñan, y cuando duermen duermen. Emiliano tubo en su día la asombrosa capacidad de domar al mundo y cabalgarlo como si fuera una potrilla. Nunca sabía a donde iría, pero siempre sabía donde estaba, y hacia sentir su visión del momento a quienes el permitiera estar lo suficiente cerca. No conozco a una sola mujer, y ahora puedo decirlo, que haya escapado a su embrujo. El hijoeputa se las llevaba allí mismo, delante de tus narices, a una dimensión secreta, a un lugar distinto, apartado del mundo. Cuando hablaba con una mujer era como si la cubriera con la tapa de una quesera, y entonces ella no oyera nada más, ni viera nada más que Emiliano. Era un don. Luz pudo resistir unos años sólo por pura rebeldía. Pero su resistencia toco fondo en Cartagena. Un viaje que yo intenté cancelar y luego retrasar inútilmente.

 

Ahora tenía delante a un Emiliano derruido, erosionado, allanado hasta ser solo arena ardiente. Traté de advertirle que Luz era diferente, y puedo jurar que fue por amistad verdadera a pesar de mi estado semi suicida. No me escucho. Ahora no le diría nada, solo le escucharía. Y le escuche. Fueron los últimos seis días que pasé con Emiliano, porque como él me dijo, tenía que embarcar, y huir allí donde el mar terminase el trabajo de Luz. Vino conmigo hasta el aeropuerto de Isla De La Juventud, y esperó conmigo el avión en la ridícula sala vip. Un absurdo lugar para un momento impropio, mal contado. Me despidió con un apretón, y me guardé mi abrazo de vuelta. Entonces tal vez yo podría haber sospechado que lo sabía, pero no hay nada plausible hacia ningú lado en mis recuerdos sobre este momento.

 

Luz me esperaba en el aeropuerto de Québec, Luz y sus besos de selva y de pulpa de vida, de entrañas, de corazón de vida y luz. No me hizo demasiada preguntas, un que tal está, un sabe algo, un se lo contaste. Yo sólo le hice una ¿Luz, por qué volviste conmigo?… ella, volvió a responder con silencio. Hace cuatro años que no sé nada de Emiliano, pero pienso en él casi a  diario, pienso el él muchas de las veces que miro a Luz cuando trabaja. Estoy seguro, seguro de que se irá, algún día.

Anuncios



Síguenos también en Facebook

Escribe tu dirección de correo electrónico para suscribirte a este blog, y recibir notificaciones de nuevos mensajes por correo.

Únete a otros 22 seguidores

octubre 2017
L M X J V S D
« Oct    
 1
2345678
9101112131415
16171819202122
23242526272829
3031  

Archivo